Pido la palabra con ocasión de la anterior publicación

Tras la lectura de la anterior publicación me reaparecen dudas que aún siguen sin respuesta:

1º.- ¿Es posible que algún día rijan en este mundo unas reglas morales que sean respetadas? Me viene a la mente Israel, tema espinoso para muchos, pero sin entrar en los motivos, la pregunta que me surge es ¿cómo puede un pueblo que ha sufrido tanto hacer sufrir de parecida forma a otro pueblo y asumir la imagen de torturador de malvado…? No le encuentro explicación convincente. Y eso me preocupa porque si un pueblo que ha sufrido tanto como sufrió Israel, ahora no es capaz de dar ejemplo ¿quién será capaz de hacerlo? Nadie, al parecer. No me puede quedar esperanza. La experiencia no sólo nos hace amar al otro sino que además parece que en nada nos alienta a efectuar cualquier sacrificio por el otro, al contrario, parece que a lo que empuja es a que el mal recibido se devuelva por duplicado.

2º.- ¿Y la cultura? ¿Podemos tener esperanza en la cultura, ser cultos para convencernos de amar a los demás o para convencernos de sacrificarnos por el otro? Pues parece que tampoco, por seguir con el ejemplo, el pueblo alemán, de Goethe, de Kant, de Bach, de Wagner, de Schopenhauer, de Nietzsche, de Gutenberg, de Gauss, de Brahms, de Schiller, etc. fue capaz de llevar a cabo aquél fenómeno basado en la racionalidad del terror que fue Auschwitz. Si leemos a Kafka, en “El proceso”, vemos como se detiene a un hombre una mañana, sin que tenga el más mínimo indicio de conocer los motivos de su detención, es lo que le sucede a Josef K. que fue detenido una mañana sin saber por qué. En Alemania habían muchos judíos que se consideraban alemanes, y una mañana se despiertan y descubren que, de repente, son culpables, también Kafka en su libro “La metamorfosis” describe a un hombre que se despierta una mañana convertido en un horrible insecto. Hans Jonas, dijo que después de Auschwitz no se puede pensar en una divinidad totalmente buena. “Nada de esta tradición puede cautivarnos ya en el acontecimiento que lleva el nombre de “Auschwitz”. Ni fidelidad o infidelidad, culpa y castigo, ni prueba, testimonio o esperanza en la redención, ni siquiera fuerza o debilidad, heroísmo o cobardía, resistencia o sumisión tenían aquí lugar alguno. En Auschwitz, donde también se aniquilaron a los niños, no se tenía conciencia de todo ello, y para ninguno de estos gestos tradicionales se ofrecía siquiera la oportunidad. Los judíos de Auschwitz no murieron por la fe (como los antiguos testigos de Yavé) y no fueron asesinados por su fe o por alguna orientación de su voluntad como personas. Lo que precedió a su muerte fue la deshumanización por medio de la más extrema humillación y miseria. A los destinados a la solución final se les despojó hasta del más tenue brillo de su dignidad humana, que se había vuelto por completo irreconocible en los esqueléticos espectros supervivientes que aún fueron encontrados tras la liberación de los campos. Y sin embargo –paradoja de todas las paradojas– se trataba del antiguo pueblo de la Alianza, en la que ya no creía nadie de los implicados, ni los verdugos ni las víctimas. Fue precisamente este y ningún otro pueblo al que se destinó a la aniquilación total bajo la ficción de la raza. Se produjo así la inversión más monstruosa, la elección en maldición, que burló cualquier sentido. De modo que sí hay una relación –del tipo más perverso– entre los buscadores de Dios y profetas de antaño y sus lejanos descendientes a los que se buscaron en la diáspora para unirlos en la muerte colectiva. Y Dios lo permitió. ¿Qué clase de Dios podía permitir eso?”

Parece, pues, que la cultura tampoco nos empuja al amor al otro al sacrificio a favor del otro.

3º.- ¿El amor al otro, el ideal de renuncia de lo individual por lo colectivo, por el otro, es conforme a nuestra esencia, a nuestra naturaleza o no lo es? ¿Esa es la Luz, la Verdad que buscamos, o simplemente es un dogma más que las tradiciones, a partir de un determinado momento nos han impuesto como meta o destino virtuoso al que todos debemos mirar? ¿El camino iniciático realmente nos lleva a ese virtuoso destino? Personalmente no conozco que seamos capaces de llegar a la capacidad de sacrificio puro (como principio a priori del que hablaba Kant) por el otro, de amor por el otro, a través de la razón (si lo hacemos, lo hacemos siempre esperando algo, con nuestro ego presente, egoístamente -porque esto sí parece -al menos desde el punto de vista de la historia- parte de la esencia del hombre). Las únicas verdades que han llegado a mí son las verdades “reveladas”, aquellas donde la razón no tiene cabida, y nos tratan de convencer de que tenemos que confiar en otras vías de conocimiento que van más allá de la razón ¿la intuición, tal vez? ¿el sexto sentido? ¿el sueño revelador? ¿los posos de la taza de café? ¿la iluminación de Rama?, esto es, conocimientos que ni descansan en los sentidos, ni descansan en la razón.

4º.- ¿Dónde comienza el hombre, hay una naturaleza humana clara y precisa o lo humano es ambiguo? Para responder a esta pregunta busco la esencia del hombre, pero el riesgo es tomar alguna de las teorías que lo han tratado como si fuera la verdadera. ¿Es la de Aristóteles la buena? ¿Qué el hombre es un animal racional? Esto es, el límite viene constituido en la función que consiste en que el hombre piensa, ya que el resto de funciones las comparte con las plantas (nutrición y reproducción) y los demás animales (sensitiva: deseo, dolor y placer). Parece que no, Günter Anders ya criticó acertadamente basar la esencia del hombre en la “diferenttia specifica”, pues resulta infantil creer que la diferencia de otros seres, cuya existencia es por completo contingente, determina la esencia del hombre (si es que el hombre tiene alguna esencia).

Ni que decir tiene que buscar la esencia del hombre en el alma, esto es, acudir a un elemento externo a la biología humana, supone acudir a la metafísica lo que nos lleva a perder todo contacto con la realidad, ya que, además, este elemento extra-natural precisa ser complementado con elementos como Dios o la inmortalidad, concluyendo que habitamos un cuerpo por accidente, por casualidad.

Puedo buscar la esencia del hombre en su sociabilidad y preguntarme si el hombre es previo o posterior a la sociedad. Unos responden que no hay hombre fuera de un marco social, que la naturaleza humana es social. En Hobbes, la naturaleza humana posee un instinto esencial: el de conservación, pero la consecuencia de éste es el enfrentamiento entre los hombres, es decir, la guerra (el “Estado de Naturaleza” que describe en su obra: “cada hombre es enemigo de cada hombre; los hombres viven sin otra seguridad que sus propias fuerzas y su propio ingenio debe proveerlos de lo necesario. En tal condición no hay lugar para la industria, pues sus productos son inciertos; y, por tanto, no se cultiva la tierra, ni se navega, ni se usan las mercancías que puedan importarse por mar, ni hay cómodos edificios, ni instrumentos para mover aquellas cosas que requieran gran fuerza o conocimiento de la faz de la tierra ni medida del tiempo, ni artes, ni letras, ni sociedad; y lo que es peor que nada, hay un constante temor y peligro de muerte violenta, y la vida del hombre es solitaria, pobre, grosera, brutal y mezquina”.)  Así, para Hobbes el origen de lo social no es previo al hombre sino posterior, es consecuencia del pacto originario que formaliza el hombre (luego, otros, lo llamarán “contrato social” como Rousseau). En Locke pasa algo parecido, aunque éste cree que el hombre, como criatura de Dios, tiene el deber y el derecho de conservar su vida y para ello dice que: Por consiguiente, siempre que cierta cantidad de hombres se unen en una sociedad, renunciando cada uno de ellos al poder ejecutivo que les otorga la ley natural en favor de la comunidad, allí y sólo allí habrá una sociedad política o civil”.

Esta necesidad de pacto o contrato social me lleva a la necesidad de responder la pregunta sobre si el hombre ¿es egoísta por naturaleza? Si la respuesta es afirmativa, se hace difícil afirmar que el hombre, buscando en su esencia, se sacrificará por el otro o por un ideal, aun cuando no haya ningún interés directo o egoísta en el resultado de su sacrificio.

Marx se cuestiona esa pregunta, y habla de que el hombre está alienado, actualmente la alienación más evidente es la económica. Los factores de poder que hay en toda sociedad, a lo que tienden, es a hacer todo lo posible para que el hombre sometido naturalice su condición de dominado, y así internaliza valores, creencias e ideas como si fueran una creación propia e independiente. Ejemplos de estos valores son el de libertad individual como única opción de libertad, la idea de democracia como única forma de gobierno o la idea de propiedad privada como única forma de propiedad, entre otros muchos.

Yo, personalmente, creo que el hombre es un animal que se cree distinto, un animal que tiene un cerebro más desarrollado y el cuerpo más eficaz para dominar la naturaleza. Como Darwin decía, el hombre no se adaptó a los cambios naturales por medio de mutaciones, sino que los seres vivos, entre ellos está el hombre junto con el resto de animales, por puro azar desarrollaron mutaciones, variaciones y modificaron algunos de sus rasgos. Después, cuando impredeciblemente se produce un cambio natural, sólo sobreviven los que casualmente mutaron y pueden adaptarse mejor a los cambios que han sobrevenido, extinguiéndose el resto. Por ello entiendo que no hay merecimientos ni evolución programada en la naturaleza, sólo hay azar y pura contingencia. No hay criaturas que son superiores a otra, ya que si bien sometemos a muchos animales, hay otros tantos seres vivos que nos someten a nosotros (virus, bacterias…). Por lo que conozco, estoy convencido que pensar no es más que un mecanismo neurológico, como otros mecanismos neurológicos diferentes que tienen los animales. Igual que el nido para el ave es como el inmueble para el humano. Otros afirman que la mente no se reduce a mecanismos neurológicos, ni siquiera se identifica con ellos, la mente es una propiedad emergente causada por ellos (igual que el líquido está formado por átomos, que no son líquidos, sino que la propiedad de la liquidez depende de la estructura de los enlaces moleculares). Sea como fuere, el resultado -en lo que se refiere a esta reflexión- es el mismo. La mente necesita un sujeto de experiencias (con su conciencia y con su ego) y un sujeto de atributos corpóreos por otro. No hay diferencias entre las funciones humanas y animales, ambas precisan de lo mismo.

Podría hablar del lenguaje, ya que al hablar éste se convierte en el vehículo del pensamiento. El simbolismo. Pero aquí me pierdo todavía a la hora de fundar la moral o la ética, a la hora de fundar en él el amor al otro, el espíritu de sacrificio por el otro.

Creo que el hombre no está cerrado, que nuestra naturaleza no cesa de transformarse, que se reinventa todo el tiempo. El hombre desde la técnica vive modificando su entorno y modificándose a sí mismo. Así, pienso lo humano como cambio, como vida, como un horizonte abierto. Y, enamorado de la idea de Kant, que concebía al hombre como finalidad, sin fin; como legislador del reino de los fines, como el ser a quien ni Dios ni la naturaleza pueden imponerle una misión, a la fecha, afirmo como él, que la misión se la ha de imponer el hombre mismo, en uso de razón y de su libertad.

En consecuencia, si un hombre decide imponerse como misión, como esencia, como finalidad, el amor y el sacrificio del otro, siempre que haya elegido libremente ese destino, lo respeto y lo tolero, y, a lo mejor, hasta coincido con él en el ejercicio de mi libertad.

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