Los derechos humanos fundamentales

LOS DERECHOS HUMANOS FUNDAMENTALES

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            Más allá de la discusión terminológica que arrastra el concepto de Derechos Humanos, Derechos Fundamentales de hombre, Derechos naturales, Derechos públicos subjetivos, Libertades fundamentales, garantías individuales, etc. lo importante es saber a qué nos referimos con Derechos Humanos Fundamentales. Por Derechos Humanos Fundamentales podríamos entender lo siguiente:

–          Por Derecho sirve la definición Nº 14 del diccionario de la RAE: Conjunto de principios y normas, expresivos de una idea de justicia y de orden, que regulan las relaciones humanas en toda sociedad y cuya observancia puede ser impuesta de manera coactiva.

–          Por Humanos, entenderemos que se refieren al hombre, y como quiera que todo derecho se refiere al hombre, de forma directa o indirecta, deviene necesario el siguiente adjetivo

–          Fundamentales, esenciales en un momento histórico de la sociedad. No se trata de un fundamento absoluto, ya que si no terminaría siendo una entidad inmutable y ahistórica, desconociendo lo que ha sido, lo que es y lo que será la realidad social de tales derechos o exigencias éticas.

Por otro lado no creo que el Derecho sea algo creado fuera del hombre. No creo en la existencia de normas jurídicas anteriores que tengan su origen en los cielos, éstas tienen su origen en la tierra, porque los Derechos Humanos Fundamentales son conquistas históricas del hombre y no concesiones divinas.

Los Derechos Humanos Fundamentales son a la vez, o deben serlo, de un lado valores o paradigmas de un derecho futuro y de otro Derecho vigente positivo en una sociedad determinada. Pero no entiendo que los Derechos Humanos Fundamentales sean derechos que el hombre tiene por su propia condición de hombre, como despliegues de su naturaleza, derivados de ella y por consiguiente anteriores al Estado. Tampoco los concibo como una creación de la voluntad del poder que los establece como tales mediante una norma jurídica regularmente establecida. Ni una cosa ni la otra. Yo pienso que los DDHHFF tienen una sustantividad propia que no puede cambiarla caprichosamente la voluntad de un gobernante ya que los DDHHFF obtienen ese grado de fundamentales desde una perspectiva principalmente finalista o teleológica, es decir, son DDHHFF desde el momento en el que sirven al desarrollo de la dignidad humana en un momento histórico determinado. Pero, sin perjuicio de esto anterior, lo cierto es que los DDHHFF no son Derechos sí sólo son valores sin incorporar al Derecho vigente de una sociedad. Así pues se precisa una doble actuación: la primera cada derecho fundamental que está al servicio de la persona humana ha de concretarse en un momento histórico dado, y posteriormente esta concreción ha de acceder al Ordenamiento Jurídico, normalmente en una Ley Fundamental o Constitución y en lo que a este trabajo se refiere, a una ley supranacional.

Más allá de los DDHHFF de inspiración liberal y los de inspiración socialista, que no viene al caso en esta plancha, el principal DHF es el derecho a ser hombre, frase que coincide con la obra que, bajo la dirección de Jeanne Hersch, se publicó por la Unesco en el año 1968 y que consistía en una recopilación de textos de todos los tiempos y todas las culturas, expresivos de la defensa permanente de los valores humanos: “El derecho a ser hombre”.

Los DDHHFF cobran suma importancia por su función de derechos que protegen a quienes son agredidos por los poderes del Estado. Son los derechos de la sociedad civil, no los derechos de los agentes que forman parte del Estado, pues de los derechos fundamentales de éstos últimos se encarga el propio Estado, ya que forman parte de la justicia del Estado. Sin embargo, los DDHHFF de la sociedad civil, que son agredidos por la “justicia del Estado”, en concreto por aquellos miembros del Estado que actúan inconvenientemente, de forma exagerada, desbocada, porque ultrajan, vejan, torturan, hacen desaparecer a las personas, atropellan a los ciudadanos, etc. decía que los DDHHFF de la sociedad civil precisan de la existencia de Instituciones Civiles (no estatales) encargadas de la defensa y mantenimiento de los DDHHFF, precisan, por tanto, de la existencia de Organizaciones de Derechos Humanos. Desde luego que es el Estado el principal encargado de defendernos a todos desde su juridicidad, pero como sucede que a veces, en lugar de defendernos a todos, cuando el Estado se convierte en una dictadura, o cuando entra en él la desesperación, la exageración en sus instituciones a las que se le va la mano o actúan excesivamente, para eso están las Agrupaciones Civiles que se ocuparán de juzgar los excesos del Estado. El Estado democrático puede juzgar, pero, cuando en él reina la libertad, lo hará desde la ley que fue acordada por todos. Las Organizaciones de Derechos Humanos están para juzgar al Estado, porque el Estado, si bien puede ser consagrado democráticamente, no puede desviarse de la vía democrática.

Ya desde tiempos de Hobbes, en su obra “Leviatán”, aquélla bestia bíblica en la que los hombres depositaban su voluntad para que los  armonizara y así todos ellos pudieran vivir en paz, se plantea el tema de los DDHHFF. Para poder vivir en paz, los hombres debían entregar su libertad al Estado. Pero la entrega no era total, había un equilibrio entre el Estado y los sujetos de la sociedad civil, porque el Estado debía respetar a los ciudadanos. El 10 de diciembre de 1948, en París, se firma la Declaración Universal de los DDHH, culminación de las diferentes y precedentes declaraciones sobre la dignidad humana, esta Declaración viene a decir cómo debiera ser el hombre, cómo vemos lo mejor del hombre. Son las Naciones Unidas las que plantean este deseo del hombre perfecto, como nos gustaría que fuera el hombre.

Pero inmediatamente nos surge la pregunta siguiente: ¿Por qué las hermosas declaraciones que se han hecho sobre los DDHH han sido incapaces de frenar a los jiferos o asesinos de la historia? La respuesta a priori parece sencilla: hasta el día de hoy, y no parece que haya perspectivas de cambio inmediato o a medio plazo, los matarifes de la historia no se han guiado, ni se guían, por los manifiestos de las grandes conciencias, y es que las grandes conciencias no hacen la historia, la historia la hacen las malas conciencias en busca de los metales o bienes que dan la riqueza a las naciones para que puedan continuar siendo grandes naciones y no importa todas las declaraciones que se hayan podido hacer a lo largo de la historia. Hitler decía: “Los tratados son papeles y los papeles se rompen”. La historia avanza por su lado malo. La violencia es lo que está reinando en la historia. Hegel decía que la Historia marcha por su lado malo, esto es, que la historia marcha por su lado negativo. El lado positivo de la historia era la afirmación del primer momento de la historia, luego venía necesariamente el lado negativo que destruía al lado positivo y luego venía el tercer momento de conciliación en el cual el lado positivo primero y el lado negativo segundo se armonizaban en un tercer momento que Hegel llamaba el momento posibilitado por el “Aufheben” (lo que superaba conservando) o el movimiento que permitía la armonía por la conciliación. Hegel decía que si no hubiera negatividad no tendríamos historia.

La posesión equivale a la dominación, es desear las cosas que tiene el otro. La violencia existe porque en el hombre hay una energía psíquica profunda que orienta el comportamiento hacia un fin y que se descarga al conseguirlo, hay una pulsión de poseer lo que está en el otro, la posesión implica el deseo de dominar al otro para poseerlo y arrancarle lo que tiene. El espíritu de posesión está animado por la pulsión de muerte, porque si el otro se resiste, tendré que matarlo. Por ello la pulsión de muerte está animada por la voluntad de poder de Nietzsche y que es la que mueve a un Imperio que lucha a muerte por lo que quiere. El petróleo que hoy existe en Irak hace que EEUU y otros países invadan los territorios islámicos porque tienen una voluntad de invadir esos países por el poder energético que tienen, por el valor de sus materias primas. Esa voluntad de poder no puede detenerse nunca porque tiene que crecer constantemente para seguir siendo siempre lo que es. Es decir, el imperio americano si se quedara hoy como es se iría achicando, para crecer tiene que expandirse constantemente. Entonces la voluntad de poder, el espíritu de dominación, el espíritu de posesión, constantemente tiene que ir creciendo, expandiéndose. Esto lo sabía muy bien Hitler que muy tempranamente empezó hablando del espacio vital que Alemania necesitaba para ser ella misma, para ser verdaderamente Alemania como representante del espíritu de Occidente.

En otros tiempos históricos la propia estructura del poder no permitía la aparición de los DDHH, como sucedía en la Europa medieval, donde el orden feudal y el cristianismo se sostenían por el poder del señor feudal y de la inquisición. El hombre sencillo de Dios simplemente esperaba la promesa que del mismo Dios le transmitía la Iglesia, promesa de que más allá de este desdichado mundo hay un reino de plenitud. No hay factor más poderoso que la esperanza, que puede colmar lo que no se tiene. En la Edad Media sólo existía el orden el feudal y el cristianismo, no había posibilidad de rebelión alguna, porque la rebelión surge cuando otra cosa es posible, pero si ninguna otra cosa ha aparecido en el horizonte de la historia, la rebelión ni está ni se la espera. En la Edad Media domina la idea de un Dios que tiene la verdad, que es la fuente de la verdad, el sometimiento a la fe, por eso enmudece el hombre y también enmudece por el miedo, por la creencia en la figura de Satanás, en el Infierno. Como la Iglesia veía pecado en todas partes, así lo establecía porque Satanás está en todas partes. Satanás es un ángel caído del reino de Dios, inteligentísimo, que se dedica a captar las almas para sacárselas al Señor. El pecado es el camino de Satanás. La redención llega por la confesión. El sacerdote o pastor al escuchar en confesión al pecador, ya tiene un dominio sobre él. Así pues, en la Edad Media era absurdo plantear los DDHH, no existían porque los derechos venían de Dios, es una sociedad vertical que remite a la figura divina la cual se encarna en una estructura que es la Iglesia Católica, que también es verticalista, comenzando por el Papa y terminando por el pastor que confiesa al pecador. No hay DDHH porque no hay libertad ya que los hombres vivían sometidos al terror de pecar, de caer en las garras de Satanás, no tienen libertad porque han de ir al confesionario y decirle al pastor lo que han hecho y cuando obtienen la absolución del pastor, salen medianamente liberados y pueden volver a la manada y tratar de no pecar. El hombre olvida en la Edad Media que una vez comió del árbol del conocimiento para pensar autónomamente y vuelve a dejar la verdad en Dios. Mientras la Inquisición persigue el pecado, pero para que el terror sea mayor no dice qué es el pecado, la efectividad del terror es no saber qué es lo que hay que hacer para no ser castigado. El pecado puede ser cualquier cosa que disguste al poder, así que los que desafían a este orden establecido, este orden de la Iglesia son perseguidos. Y el orden de la Iglesia abarca lo teológico y lo científico y es imposible discutirlo, no se puede discutir la concepción que la Iglesia tiene de la ciencia, cuando Giordano Bruno lo discute, lo queman, Galileo se retracta. El terror es grande.

Puedo afirmar que todo régimen absoluto reprime desde el absoluto, que puede ser el Partido Político, la Democracia Occidental o el propio dogma eclesiástico. Todo absoluto, por supuesto, está en contradicción con los DDHHFF, porque los DDHH tienen como base la libertad, no puede haber DDHH sin libertad y todo régimen autoritario elimina la libertad. El autoritarismo sólo concibe lo uno, para él sólo existe lo uno. Lo antiautoritario es la valoración de lo múltiple, aunque lo múltiple pueda tener contradicciones, antagonismos o incluso luchas internas, pero es lo múltiple, lo diverso.

Por ello en la Edad Media el terror de ser el otro del poder es enorme, que el poder te señale como el otro, que te diga “sois el enemigo del poder”, “el poder no puede realizarse por la existencia de hombres como tú”, entonces “te vamos a castigar”. Por eso los DDHH deben rehuir la existencia de poderes absolutos, porque si el poder me dice eso, yo debería poder defenderme, pero dentro de un poder absoluto no hay régimen social o de organización de DDHH que defienda a los atacados por el poder.

Aún más, la figura de Cristo en la Cruz ha sido explotada por la Iglesia Católica, pues -más allá de profundos simbolismos que la Institución Eclesiástica ha ocultado a la mayoría de feligreses- al entrar en una Iglesia cualquiera nos encontramos con la figura de ese Hombre, que está en el altar, clavado a una Cruz y con unas heridas horrorosas, expresando la tortura que se le  practicó meticulosamente, y ese Hombre que sufre en la Cruz no es sino el Hijo de Dios que vino a redimir nuestros pecados y ha tenido que sufrir todo eso para logarlo. La pregunta inmediata que nos hacemos es ¿qué hemos sufrido nosotros por Él? ¿Qué tendremos que sufrir por Él, porque se lo debemos? Así, pues, la figura del Cristo torturado también sirvió para fundamentar y justificar la tortura de la Inquisición.

El Colonialismo, que implica entrar donde no te han llamado, entrar en países ajenos que uno quiere para sí, tiene también a la violencia como un elemento casi insoslayable. El Colonialismo moderno ha inventado categorías culturales para su empresa, por ejemplo: con el Colonialismo también penetra la cultura. Uno de los mayores teóricos del Colonialismo, Rudyard Kipling, al que muchos francmasones gusta citar por su famoso poema de 1896  “If” “Si” condicional, llamó a esta tarea “La pesada carga del hombre blanco” que no era otra cosa que civilizar al resto del mundo. En una de sus partes el poema dice: “Si sabes confiar en ti mismo cuando todos dudan de ti, pero te haces cargo de sus dudas… Si te sabes encontrar con el éxito y el fracaso, y tratar esos dos impostores por igual… Si sabes seguir cuando no queda nada en ti, excepto la voluntad que te dice ¡avanza!… Si sabes llenar el inexorable minuto con el poderoso valor de sesenta segundos… tuya es la tierra y todas las cosas que hay en ella, y lo que es más, serás un hombre, hijo mío”. Este es el poema del hombre imperialista. Uno se siente algo cuando lo lee, y también se siente una basura porque sabe que es muy difícil llegar a ser un hombre así. “Si eres capaz de jugártelo todo, en una sola mano, a cara o cruz, y perder y empezar de nuevo, como si nada…” Este tipo de hombre que describe Kipling es un hombre muy especial, es un hombre diseñado por la cultura, es el hombre diseñado por el poder, que lleva la pesada carga de conquistar toda la tierra y hacer de toda la tierra un solo Imperio: el Imperio de la Civilización.

Pero todos sabemos que el Colonialismo fue el proceso más violento de la historia del hombre, desde 1492 arrasó todos los pueblos originarios de América, donde no había lugar para los DDHH sino para la ambición de riquezas, oro, los indios no tenían corazón, no eran humanos porque el evangelio no los cubría, la cruz no les daba un alma. Posteriormente los países Europeos arrasan América, Asia, Africa, Oceanía, a la cabeza de todos Inglaterra que se expande y saquea hasta finales del S XIX,  a ello lo llama Marx Acumulación originaria del capital (Capítulo 24 de “El Capital”): el capital viene al mundo chorreando sangre y lodo. Es evidente que no hay DDHH, la explotación de todas las regiones se tradujo en un expolio, en un saqueo que sirvió para el desarrollo de la burguesía. Pero todo lo que hace el capitalismo lo hace por la violencia, que se basa en el dolor. Los ultrajes de las razas cristianas contra los diversos pueblos no encuentran paralelo en la Historia. Los EEUU se fundaron aniquilando a los indios, hoy EEUU aniquila igualmente bajo la excusa de protegerse del terrorismo islámico. No hay que olvidar que el colonialismo enfrenta a inferiores con superiores, pues cuando entra en un país lo hace para enseñarle a ese país lo que ese país debe aprender, hoy se enseña la democracia, y si el colonialismo no entra ese país no aprenderá la democracia occidental, el sistema de vida occidental, el capitalismo, la globalización, esa es la pesada carga del hombre blanco de la que habla Kipling. La Filosofía del Colonialismo es la filosofía de la superación: “ustedes van a superarse, tendrán una superación espiritual, una superación cultural, entrarán en la línea del progreso, entrarán en la historia ¿qué más quieren que les traigamos?”. No todos los países han estado siempre dentro de la historia, los que sí han estado siempre son los países occidentales, los países del hombre blanco, los países de la civilización, lo que no pertenece a la historia está fuera de ella y es la barbarie, porque aún no han sido colonizados por los países civilizados, por eso el hombre blanco tiene derecho a matar a un bárbaro, porque el bárbaro no es un hombre todavía. Matar de hambre a los bárbaros del Tercer Mundo, por especular con los alimentos, es derecho del hombre blanco, a fin de cuentas no son hombres todavía porque no se les ha civilizado.

Esto nos lleva a preguntarnos si existe la violencia legítima. Esta es una pregunta extraña, en un mundo donde a cada segundo que transcurre se mata. Yo no sé si es legítima la palabra adecuada, pero sí sé que hoy muchas cosas se fundamentan en la violencia, la violencia es fáctica, brutal, constante y en ella se fundamentan muchas cosas para que el mundo sea así como es hoy. Hoy existe una violencia de todo tipo, es individual, es social, es política. Y aunque yo estoy deliberadamente y persistentemente en contra de la violencia y a favor de la DDHH, hay una violencia que puedo considerar legítima o al menos justificable, porque estoy atormentado con este avance de la violencia en la Historia. La violencia es legítima cuando un pueblo sometido se levanta contra su opresor. La violencia de los vietnamitas, de los iraquíes, del pueblo argelino, del pueblo afgano, del pueblo palestino… es legítima porque la violencia de los EEUU, de la OTAN, del colonialismo vuelve legítima esa otra violencia del guerrillero, aunque se le llame terrorista, porque ellos no estaban esperando a los americanos, y qué hacen allí esos colonialistas, si se marchan de su país, los guerrilleros no van a matar a nadie, están matando porque han invadido su territorio, entonces podemos concluir que son los invasores los que están despertando la violencia.

Pero es que la violencia está también en la desigualdad del capitalismo, en la profunda, esencial y abismal desigualdad del capitalismo, es violencia porque es pulsión de la sociedad civil, es marginación, es arrojo a la desesperación. ¿Qué hacen los países opulentos? Levantan muros. ¿Hasta cuándo van a levantar muros? Necesitamos un sistema económico que integre, basta de este sistema económico que es imposible, que no integra a nadie porque es un sistema económico basado en la especulación del dinero y no en la productividad de la burguesía, del verdadero capitalismo de Smith. El capitalismo y el colonialismo es lo más despiadado que hay, porque el territorio que invade el colonialista considera que está poblado de inferiores, entonces los mata a todos. Pero hoy, en las ciudades opulentas, los habitantes de éstas consideran que los inmigrantes que vienen a pedir trabajo, comida, abrigo, calor a los países poderosos, también son inferiores, porque pertenecen a países inferiores, pertenecen a geografías inferiores, porque el mundo cada vez más se estrecha más y más, cada vez es de menos gente y cada vez tiene más marginados. Los DDHH en un sistema capitalista se han convertido en un adorno retórico o formal.

Otra cuestión que afecta destructivamente a los DDHH es el odio al otro. El odio al judío, por ejemplo, que a lo largo de la historia ha padecido este pueblo por el mero hecho de estar acusado de haber matado a Dios. Hegel dice en su “Ensayo sobre el Cristianismo” “Lo absoluto pasó entre el pueblo judío y el pueblo judío no lo supo reconocer”. Lo que ha funcionado en el asunto judío es, además de una ignorancia terrible, es la esencia del odio al otro, la necesidad de algunos de odiar, de odiar al otro. Sartre en el libro “Reflexiones sobre la cuestión judía” dice que si el judío no existiera el antisemita lo inventaría. Hitler encontró en el pueblo judío a ese otro al que odiar, y era verdaderamente necesario porque ello era lo único que podía permitir la unificación del pueblo alemán. Un pueblo dividido por miles de causas puede ser unificado por el odio. Alemania estaba dividida, en la ruina, hundida por la derrota de la Primera Guerra Mundial y por la humillación del tratado de Versalles, también por las luchas intestinas entre la gente del partido nazi, los comunistas y los socialdemócratas, y Hitler los señaló: son los judíos, los judíos tienen la culpa, pues se han robado la riqueza de Alemania y por ello la inflación nos está comiendo, el dinero lo tienen los banqueros judíos. Y el discurso era: los judíos son muy inteligentes y se aprovechan del pobre alemán que es campesino, un ser puro que trabaja la tierra con sus ojos claros, con la pureza de su corazón y al que el sucio judío, que vive de la usura desde todos los tiempos, le está saqueando, por ello tenemos que matarlos o echarlos de Alemania. Y Hitler, con este odio al otro, consigue unir a los alemanes. El gran acierto político de Hitler es encontrar al enemigo político de todos, o inventarlo, porque realmente no era el judío ese enemigo. Esto ya lo escribió Hitler en 1925 en su libro “Mi lucha” cuando compartía cárcel con Rudolf Hess, que le escribe varios de los capítulos.

Pero ese pueblo perseguido y ninguneado desde el punto de vista de los DDHH, hoy, y desde el año 1948, es un poderosísimo estado nuclear respaldado por EEUU, hoy es un poderoso enclave del imperio norteamericano en Medio Oriente. Está rodeado de enemigos fanáticos, locos que, si no fuera por EEUU, los destrozarían. Así, pues, la situación de Israel no es fácil: o respalda a EEUU o desaparece del mapa. Cuando todo el mundo vota reconocer al estado de Palestina, EEUU e Israel votan en contra, y así, un pueblo que ha padecido tanto es capaz de hacer sufrir otro tanto a otro pueblo, y asumir la imagen del castigador, del torturador, del malvado… esto es casi inexplicable, sino no es porque estamos al azar, no hay reglas morales, no hay una sola regla moral que pueda establecerse sobre este mundo.

En otros niveles también hay violaciones a los DDHH, como sucede en el campo de la propaganda, que consiste en decir que cosas que no son de un determinado modo sí lo son. Un ejemplo, la mujer utilizada como reclamo comercial. Compre esta colonia, este desodorante, que las rubias macizas y de cuerpo espectacular se le echarán encima como moscas. Aquí la mujer objeto también sufre violación de sus DDHH, ya que se la convierte en una mercancía. Por qué la imagen de la mujer tiene que ser la mercancía más rentable del capitalismo del Siglo XXI, para el capitalismo la mujer es una mercancía que sirve para vender otras mercancías.

La Guerra Fría ha sido también una excusa para violar los DDHH de muchas personas. La guerra fría era una lucha contra el comunismo y los intentos expansivos de éste. Pero las luchas calientes, las reales, estaban en los territorios periféricos como Vietnam.

Desde el punto de vista de los DDHH el odio a los judíos cuyo signo es Auschwitz y el uso de bomba atómica contra Japón cuando ya se había ganado la guerra, esto es, en Hiroshima, son la misma atrocidad.

Otra violación flagrante contra los DDHH es la doctrina de la seguridad nacional, cuyas bases se contienen en el libro del francés Roger Trinquier de 1961 “La guerra moderna” y consiste en crear terror en la población, matando a inocentes a fin de lograr el terror de todos, porque si era inocente y lo mataron, no se sabe a quién más van a matar y por qué, lo fundamental del terror es que no tenga reglas. El Plan Fénix en Vietnam llevado a cabo por los boinas verdes es una buena muestra de esta doctrina. Igual sucede con Videla en Argentina, Pinochet en Chile, Stroessner en Paraguay, etc. La tortura para obtener información ha sido llamada por estos ejércitos del terror “tarea de inteligencia”. En estos estados torturadores, como hizo Francia en Argelia, la legalidad es incómoda. El torturador dice “Yo no puedo aplicar la legalidad porque tengo sólo 24 horas para que este detenido confiese. Usted no tiene que preguntarme si torturo o no, usted no me venga con cuestiones de DDHH, usted tiene que preguntarse si quiere que Francia se quede en Argelia, o que Argentina derrote a los subversivos (los montoneros, por ejemplo)…” En esta doctrina de la seguridad nacional se prefiere a los desaparecidos, como sucedió en Argentina o Chile. El desaparecido no trae problemas y condenas como sí sucede con el fusilado para los verdugos.

Yo creo, para concluir, que el respeto a los DDHH es fundamental, pues ellos son las conquistas de la humanidad en el camino hacia su dignidad, y como tales son la base de una sociedad. La pena de muerte no puede justificarse nunca. Los juicios a los genocidas son necesarios. Tenemos que defender la dignidad humana y esta es una tarea que no es agradable porque va de un desengaño a otro, pero también es agradable por el gran peso moral que conlleva. Hay que luchar por una sociedad y por un Estado democrático inclusivo, que no genere delincuentes de ningún tipo, que respete al otro porque en el otro ve a un ser humano y que castigue con la acción de la justicia todo intento de ultrajarlo, vejarlo o humillarlo, el hombre debe ser superior y lo primero para el hombre. Esta debe ser nuestra utopía. La vida ante todo.

http://www.youtube.com/watch?v=D60FFx7ylkE

“Estamos prisioneros carcelero, yo de estos torpes barrotes, tú del miedo… Como el que se prende fuego andan los presos del miedo, de nada sirve que corran, el incendio va con ellos… Murió con un ojo abierto y nadie pudo cerrarlo… Es cierto que muchos callaron cuando yo fui detenido, vaya con la diferencia, yo preso, ellos sometidos”.

El gran enemigo de los DDHHFF es el silencio y el miedo. El libro el proceso de Kafka, comienza diciendo que Josef K. fue detenido una mañana sin saber por qué… y el libro “La metamorfosis” del mismo autor trata de un ser humano que una mañana se ha convertido en un insecto, como le sucedió a los judíos, que una mañana se despertaron culpables -sólo por ser judíos-. Si en cualquier régimen de terror, cuando van a detener a inocentes, cuando van a sacar de sus casas a nuestros vecinos, los demás, en vez que temblar dentro de las suyas y callar ante los gritos de ¡socorro! ¡auxilio! ¡me llevan! ¡ayudadme! Saliéramos todos, sin excepción a evitarlo qué iba a pasar, ¿nos iban a matar a todos? No, eso nunca ha ocurrido. Pero nos vence el miedo, creemos que con el silencio estamos seguros. Ahora con la crisis tenemos un ejemplo de que esto no es así: llevamos décadas callados ante la miseria en el tercer mundo, ahora, cuando vemos que estamos en riesgo de ser pobres también, nos preocupamos, ahora cuando muchos españoles están en el umbral de la pobreza es cuando decimos que a esto no hay derecho. ¿Es que antes sí había derecho a que en el Tercer Mundo murieran niños y adultos a ese ritmo estadístico que pone la piel de gallina? No, el silencio nunca fue bueno. “Le tengo rabia al silencio por lo mucho que perdí, que no se quede callado quien quiera ser feliz” cantaba Atahualpa Yupanqui, Jorge Cafrune y otros.

No podemos permitir que los DDHH, cuya principal fundamentación es evitar que los seres humanos no sufran dolor por causa del poder, no son defendidos a causa del miedo y por el silencio de los propios ciudadanos, de los propios agredidos, y son los propios ciudadanos los custodios de los DDHH y no el Estado o el poder que es quien los agrede. Cuando soy agredido por un tercero, por otro ciudadano, el Estado, a través de la policía, el fiscal el Juez, los abogados, el proceso penal… me protege, no sucede así cuando soy agredido por un sujeto del Estado, por un individuo que me agrede en nombre del Estado del terror. El Estado no puede cometer crímenes arbitrarios, tiene que hacer justicia, cuando apresa a un ciudadano a un ser humano, ha de suponer, ante todo, que es inocente y demostrar su culpabilidad para poder castigarlo. Esto es esencial. Sin embargo, todos los desaparecidos en los regímenes de barbarie y violencia son inocentes, por la simple y sencilla razón de que no fueron juzgados con las garantías mínimas exigibles.

Creo, y todo este trabajo es una opinión personal, que es nuestra obligación vencer el miedo y acabar con el silencio frente a cualquier violación de los DDHHFF, no sólo como francmasones, también como seres humanos. La vida ante todo.

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