Despertad

SOLSTICIO DE INVIERNO: EL DESPERTAR.

La Luz empezó a desaparecer desde la celebración del solsticio de verano y ahora tenemos su mínima expresión, parece que con el frío y la brevedad del día todo ha llegado a su final. Empero, no estamos en la oscuridad permanente, desde este momento la Luz renace y por eso estamos aquí, para recordar que después del frío invierno y la aparente muerte de la naturaleza, la vida se va a desplegar por todas partes y reflorecer de nuevo. La naturaleza, como hemos visto en la ceremonia de hoy, recobra en silencio el gran trabajo de resurrección. Y bajo el áspero manto del invierno germinan las semillas de la próxima cosecha. Las flores de la primavera han empezado su ciclo vital. Y en nuestro Templo hemos vuelto a introducir todo lo necesario para que nuestros cuerpos y espíritus se fortalezcan y se hagan aptos para el regreso de la Luz.

HnaHna\ y HnoHno\ ahora nos toca a nosotros cuidar la tierra para que florezcan las semillas que han empezado a germinar, no olvidemos las palabras del V\M\ en la C\U\F\ “Hagamos deseos para la Paz en el Mundo. No olvidemos que la Paz no puede realizarse si cada uno de nosotros no la instaura en sí mismo”. Ni tampoco esas otras palabras pronunciadas cuando la luz ha vuelto a brillar en nuestro Templo: “Que la Luz que brilla de nuevo en este Templo, lugar de reflexión y de esperanza, irradie en el mundo exterior”.

Tenemos que despertar y para ello podemos y debemos resolver todas las disonancias cognitivas que sufrimos, hoy gozamos de una nueva oportunidad. Qué son las disonancias cognitivas a las que me refiero. Manejamos informaciones que no encajan bien psicológicamente, que guardan entre sí una relación disonante y que nos mantienen inactivos, indecisos, o sea, que nos mantienen dentro de la semilla que tiene potencia para geminar, pero que no germina porque no sabe cómo hacerlo.

Cómo solucionar estas disonancias cognitivas: cambiando de opinión, cambiando de conducta porque de este modo, sin duda, cambiaremos también la información que poseemos acerca de esa opinión o de esa conducta logrando que se restaure o se cree la coherencia que reduzca, o mejor, elimine nuestras disonancias. Alcanzar este estado superior tiene como condición necesaria el adecuado uso de las herramientas que el método masónico nos proporciona a lo largo de este camino iniciático, ellas son un medio resolutivo inmejorable.

Así pues, lejos de desanimarnos, debemos aprovechar estas disonancias cognitivas que nos amordazan porque ellas pueden ser un eficiente estado motivador: igual que el hambre impulsa a una persona a comer, la disonancia cognitiva la impulsa a cambiar de opinión o de comportamiento, o al menos, a depurar la opinión y el consiguiente comportamiento que más le ha persuadido de cuantas asperezas y vacilaciones conserve todavía.

Tenemos disonancias sobre casi todo, sobre lo que es justo, sobre lo que es injusto, sobre lo que es bello, sobre lo que es sensato, sobre lo que es locura,  sobre lo que es piadoso, sobre lo que es impío, sobre lo que es valor, sobre lo que es cobardía, sobre lo que es la ciudad, sobre lo que es el gobierno de los hombres, sobre lo que es un gobernante, y sobre muchas más cosas de este tipo que se refieren al hombre (entendiendo siempre que cuando digo hombre incluyo –como decía José Martí- a hombres varones y hombres hembras). Todas estas disonancias, nos impiden ser coherentes, guiarnos bajo la luz con la mirada libre, sin vendas, pero a la vez deberían impulsarnos a resolverlas, a alcanzar la coherencia entre la verdad de su significado y la realidad de nuestro comportamiento. “La paz primero ha de instaurarse en nosotros para que después se instaure en la sociedad”.

Por ejemplo, Sócrates decía que la belleza y la sabiduría se podían tratar de manera elogiosa o vil: Si se vende la belleza por dinero a quien la desea, la llamamos prostitución, si se entrega la belleza por amor a una persona de bien esto lo consideramos juicioso y moderado. Igual sucede con la sabiduría, a aquéllos que la venden por dinero a los que pueden pagarla y la desean se les llama sofistas, sin embargo, si una persona de buen natural enseña a los demás todo lo bueno que sabe y lo convierte en un buen amigo, decimos que hace lo que corresponde hacer a un hombre de bien. Son dos ejemplos que ponen en clara evidencia que todos nosotros, a poco que nos miremos hacia dentro, arrastramos muchas disonancias.

La mayoría de disonancias cognitivas surgen en nuestra educación más temprana: en teoría todas las leyes de educación nos hablan de objetivos de desarrollo humano profundos, valores humanos, cooperación, comunidad, solidaridad, igualdad, libertad, paz, felicidad… y se llenan de palabras hermosas. Pero la realidad es que la estructura básica del sistema promueve justamente los valores opuestos: la competencia, el individualismo, la competición, la discriminación, el condicionamiento, la violencia emocional, el materialismo. De esta forma, cualquier idea que se promueve desde el discurso de la ley es incoherente con lo que el sistema social realmente sostiene.

¿Tenemos claras nuestras ideas, nuestros conceptos están bien ensamblados? Si fuera así, ¿hacemos siempre lo que corresponde hacer a un hombre de bien? Hay mucho que hacer en nuestras parcelas para que después podamos ofrecer el fruto que produzcan a los demás.

Pero las disonancias cognitivas no están sólo en nosotros, y en la sociedad, también existen y se mantienen irresolutas en las ideas políticas, entendida la política como acto de gobernar. Cómo es posible que se afirme por los gobernantes actuales que abaratando el despido se crearán puestos de trabajo. Qué recortando la financiación de los servicios públicos se mejorarán éstos. Algo parecido se sufre en el asunto de los Derechos Humanos. A todos nos es conocida la Declaración Universal de los Derechos Humanos dada en París el 10 de diciembre de 1948. Es una declaración que dice cómo debería ser el hombre, cómo quisiéramos que fuera el hombre perfecto, el mejor hombre. Todos los hombres nacen iguales y libres, sin distinción de raza, opinión política, etc. Son principios que tienen una naturaleza similar a los bíblicos, esto es, que no pueden ser violados sin violar la esencia de la condición humana. Por ejemplo, cuando se aplica la tortura. ¿Por qué tortura el hombre? ¿Por qué se tolera la tortura ninguneando las hermosas declaraciones de principios que se contienen en los acuerdos de las Naciones Unidas y similares? ¿Por qué esas preciosas declaraciones no son capaces de frenar la atrocidad de genocidas y criminales? Pues sencillamente, porque no nos guiamos por ellas, no somos capaces de seguir los manifiestos de las grandes conciencias, porque las buenas conciencias no hacen la historia, la historia la escriben las malas conciencias que sólo buscan los elementos metalíferos que den la riqueza a las naciones. Ya lo decía Hitler: “Los tratados son papeles y los papeles se rompen”.

En las ideas filosóficas y el fin que pretenden lograr también se encuentran graves disonancias. Cómo podía Marx apoyar todas las conquistas de la burguesía a la espera de que ésta engendrara un proletariado industrial que, por el devenir necesario del materialismo dialéctico, fuera su propio sepulturero, igual que la burguesía fue sepulturera de su padre generador: el feudalismo. Marx cita a Goethe en su libro “La dominación británica en la India” para justificar los estragos que Inglaterra había hecho en la India diciendo “¿Quién lamenta los estragos si los frutos son los placeres? ¿No mató a miles de seres Tamerlán -conquistador, líder militar y político turco-mongol[], el último de los grandes conquistadores nómadas del Asia Central- en su reinado? Marx asume la barbarie en cuanto a progreso: si la barbarie implica un progreso, justificada está, o sea, Inglaterra, a pesar de todos sus crímenes, es un instrumento de progreso. Marx dice que “Para ser libre en su casa, John Bull –que se puede claramente equiparar a Inglaterra- necesita esclavizar a los pueblos que están fuera de las fronteras de su estado”, esto es, justifica el colonialismo, el imperialismo, lo que nos recuerda a una frase de Sartre: “Europa se ha hecho a sí misma fabricando esclavos y monstruos”. Marx no vio, afortunadamente para él, desgraciadamente para nosotros, que la expansión colonial resultó retrógrada e infamante para todos los países en los que penetró, no creó el proletariado redentor que esperaba a través del progreso de la burguesía, sino que trajo un atraso catastrófico que todavía hoy podemos ver en los países víctimas de aquellos atropellos.

¿Estaba en lo cierto Marx o realmente no hay corriente en la historia, nada está determinado, escrito, sino que son los pueblos los que escriben su propia historia luchando contra los opresores? He ahí la disonancia cognitiva en la filosofía. He ahí la necesidad de que renazca la luz en las ideas primero y en las acciones después.

Para terminar, me referiré a una cuestión muy lamentable. El agotamiento de las ideas redentoras de Salvador Allende. Salvador Allende fue original en sus planteamientos, pues pensaba que el socialismo podría implantarse en una sociedad por la vía pacífica y democrática. Sabemos que para el Marxismo la democracia es una palabra vacía, hueca pues no es sino el medio por el cual la burguesía domina a las clases sometidas a través de todo ese caparazón parlamentario que no es más que el diálogo de los burgueses entre sí mimos. El manifiesto comunista plantea en todo caso la toma del poder por la violencia y, además, todo movimiento que quiera mantenerse después de haber tomado el poder, de haber derrocado al orden establecido, sólo podrá mantenerse en el poder a través de la aplicación de la autoridad. No hay resolución dialéctica sin una acción violenta de la clase que viene a superar a la anterior. La violencia es una especie de partera que hace nacer una nueva sociedad. Esto no lo cuestionó nadie hasta que llegó Salvador Allende y la coalición de partidos UP (Unidad Popular) que postularon la vía pacífica para llegar al socialismo a través de la democracia.

Pero, por desgracia, el golpe de estado que lo derrocó se preparó desde el mismo momento en el que Allende ganó las elecciones, ya que no podía tolerarse que hubiera en América Latina otro comunista, y debía advertirse además que la revolución cubana no era exportable, pues EEUU no iba a consentir otro Castro más. En esos momentos gobernaban dos sujetos inhumanos: Nixon y Kissinger, que se reúnen con los Eduards, propietarios del diario “El Mercurio” –decano de la prensa chilena- y, junto con la ITT Corporation (presidida por Harold Geneen, que en 1970 había adquirido el 70% de la CTC -Compañía de Teléfonos de Chile-), la Pepsi Cola (presidida por Donald M. Kendall, que estuvo casado con la actriz Joan Crawford, quien también estaba por esas fechas en la Junta Directiva de la Pepsi Cola y que, además, aparece en las grabaciones del caso Watergate aconsejando a Nixon cómo salir del embrollo) y el Chase Manhattan Bank (dirigido por Rockefeller, hoy en poder del grupo de Banca Morgan), lo sobornan para que desprestigie a Allende. Allende había comenzado a tomar medidas que suponían un camino preocupante para las clases hegemónicas de Chile, una de las más destacadas es la nacionalización del cobre (lo que afectó mucho a varias empresas, entre ellas las empresas mineras norteamericanas Kennecott y Anaconda propiedad ésta última de Rockefeller y Rothschild. Pero el acoso y derribo de Allende no se hace esperar. Nixon le niega créditos, el Mercurio hace su trabajo propagandístico, y la propia izquierda chilena también le critica porque no hace la reforma agraria, no expropia los grandes monopolios, no cambia la estructura social del país… y sobre todo porque pide crédito a EEUU. La denegación del crédito hace que llegue el desabastecimiento, cada vez hay menos cosas que comprar, y la culpa, como no, recae sobre Allende y comienzan las movilizaciones y el acoso a Allende, a los ya sabidos y esperados, se une uno que no se le esperaba y no se comprende: la del MIR: Movimiento de Izquierda Revolucionaria, lo que hace mucho bien a la derecha chilena. He aquí de nuevo a donde quería llegar: a la disonancia cognitiva no resuelta: La que sufre una izquierda que no es lúcida para ver dónde tiene que sumar y donde si se opone, en realidad está restando a la estabilidad de un régimen democrático de izquierdas al cual debería haber sostenido. Hasta Castro, cuando durante tres semanas visita Cuba, a finales de 1971, dice “Existen muy pocas posibilidades de construir un Estado marxista en Chile si no se usa la violencia”. En el acto de despedida del Estadio Nacional, el comandante cubano, dijo que él y su comitiva “no veníamos a aprender cosas caducas en la historia… ya aprendimos bastante de las libertades burguesas y capitalistas”. Agregó: “No estamos completamente seguros que en este singular proceso el pueblo chileno haya estado aprendiendo más rápidamente que los reaccionarios”. Y al despedirse, dijo: “Regreso a Cuba más revolucionario, radical y extremista de lo que vine”.

Mientras no resolvamos las disonancias cognitivas y actuemos en consecuencia, no vamos a cambiar nada, el solsticio será sólo la mera representación del ciclo vital, del transcurso de las estaciones, y su simbolismo será como aquellas palabras que se pronuncian a una pared inanimada: ni se escuchan, ni se entienden, ni se conservan.

Mientras continuemos en ese limbo mental seguiremos dando la razón a potencias que, como Estados Unidos, aprovechan la pulsión de la muerte que se impone trágicamente sobre el eros. Que se aprovecha de la esencia del hombre, que –dominada bajo las pasiones- es egoísta. Por eso en EEUU se ganan todas las guerras, porque personas como Allende creen que el hombre es bueno, y el hombre no es bueno –mientras mantenga las tan mencionadas disonancias-, el hombre es un ser especialmente destructivo, que no ha hecho más que matar a lo largo de toda la historia. Y esa esencia del hombre está asumida y potenciada por los capitalistas: la esencia del hombre es la esencia de la dominación sobre el otro y la esencia de la destrucción del otro. Nunca habrá vía pacífica porque el hombre se educa para la guerra, y matará porque existe en él la pulsión de matar. Por qué ha de querer al prójimo sino sabe ni quién es el prójimo, si el prójimo lo concibe como un ser detestable, cómo lo voy a querer como a mí mismo, si yo si soy una persona buena. Al prójimo no lo amaré, en todo caso amaré a mi hijo.

Allende, desgraciadamente para la humanidad, no triunfó. El 11 de septiembre de 1973 se produce el levantamiento que lo derroca, en su último discurso Allende está convencido en la fe del devenir necesario de la historia hacia la justicia social, que va a llegar pase lo que pase. Allende sabe que lo matarán y no se rinde, sabe que lo avasallarán porque ellos tienen la fuerza, pero está convencido de que no la tendrán siempre, porque cree que los procesos sociales no se detienen, dice “Sepan que mucho más temprano que tarde se abrirán de nuevo las grandes alamedas por las que pase el hombre libre”. EEUU afirma que la fuerza es capaz de detener los procesos sociales. Sartre dice “La descolonización está en marcha. Lo único que pueden hacer nuestros mercenarios es demorarla”. Allende insiste “La historia la hacen los pueblos ¡y es nuestra!” y EEUU piensa que la historia no la hacen los pueblos, la escriben ellos con armas, dinero y poder.

Entre tantas disonancias cognitivas: ¿Quiénes tienen razón? En muchas cuestiones no sirve el relativismo. Resolvamos éstas y otras muchas preguntas, ha llegado el momento, tenemos todo lo necesario.

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