Cómo impedir el retroceso de los Derechos Humanos.

            Pensar es impugnar globalmente y sin concesión alguna la organización de la sociedad. Pensar es resistir, no resignarse al orden de las cosas que refleja una injusticia inmensa. Por ello, pensar es también querer cambiar el orden social de forma radical.

            La consecuencia del pensamiento crítico radical no puede ser otra que la política bien revolucionaria o bien reformista que termine con las relaciones de poder que estructuran la vida social, relaciones de poder de las que, muy frecuentemente, no somos siquiera conscientes.  Podemos quedarnos en el estado de poner al descubierto dichas relaciones de poder o podemos, además, tratar de mejorar el orden social del mundo, reformarlo, cambiarlo de forma definitiva. La posibilidad del cambio social del modelo dominante no puede sino partir de la realidad existente, no del anhelo que podamos tener ni de situaciones pasadas -en la melancólica frase de que antes sí que las cosas eran auténticas o mejores-. La realidad que vivimos es nuestro campo de acción.

            ¿Reforma o revolución? La revolución no parece posible, queda en la utopía, porque no se tiene la fuerza suficiente, ni se va a tener, para la abolición completa de las relaciones de dominación. Todas las revoluciones en ese sentido, hasta donde yo conozco, han fracasado o se han visto ahogadas por las relaciones de dominación extendidas en prácticamente la globalidad del planeta.

            La reforma decidida parece más próxima, más real, se puede alcanzar sin abandonar el pensamiento crítico. No se aceptan ni al mercado ni a las relaciones de dominación tal y como son. El capitalismo y la hegemonía del mercado tienen que encerrarse dentro de unos límites y contrapartidas que beneficien a toda la sociedad. El equilibrio debe ser la medida de todo ello. Así, por ejemplo, el trabajo no puede ser considerado como una mercancía pura, sino que debe estar vinculado a ciertos derechos, lo que obliga al Estado a tener una presente fuerte en la sociedad, como única institución que puede garantizar las regulaciones jurídicas necesarias para domesticar el mercado e impedir que éste actúe a su antojo en su búsqueda ilimitada del beneficio y la especulación. Por ejemplo, la asistencia social no puede eliminarse so pena de su coste y nulo beneficio, porque la medida es el beneficio económico únicamente, como si no existieran otros beneficios que están por encima de aquél. Así igual en todos y cada uno de los derechos humanos, y también los sociales, que se estaban conquistando, precisamente por o mediante las reformas.

            Junto al Estado, y precisamente para protegernos de él, deben existir organizaciones que defiendan los derechos humanos. Estas asociaciones son esenciales y necesarias, en ellas debemos participar todos y cada uno de nosotros, en la medida de nuestras posibilidades, porque son la garantía última, lo que hace que el sistema cierre, son el último control que evitará excesos, corrupciones y defectos en el Estado y sus instituciones.

 

            El contenido de todas las medidas, acciones, políticas y reformas que se pueden adoptar para evitar el retroceso de los derechos humanos, tanto a nivel Institucional (público) como a nivel Organizativo (privado) queda fuera del objeto de esta plancha, porque entra en el ámbito de la opción política de cada hermano/a, siempre moderada por la ética que la masonería trata de enseñarnos, principalmente por medio del renacer, del ser humano nuevo, del ser humano crítico, del ser humano que no acepta nada impuesto como un a priori indiscutible. De un ser humano, en definitiva, que se siente comprometido con la tarea de mejorar el diseño y el desarrollo de una sociedad a partir de sus ideas nacidas del librepensamiento, ideas que, sin embargo, sabe que tiene que ir adaptando continuamente a la realidad, esforzándose, pues, en construir la mejor sociedad posible a partir de las circunstancias dadas en cada momento.

            La masonería, pues no tiene ningún papel que desempeñar de forma activa en el retroceso de los derechos humanos conquistados estas últimas décadas. No es su función. La masonería crea masones. Los masones, de forma individual, con el compromiso que su condición humana libre le obliga moralmente a llevar a cabo en el campo de la praxis, son los que tienen que luchar activamente en impedir el retroceso de los derechos. No por medio de violentas revoluciones, sino, a mi entender, implicándose  activamente en las instituciones públicas y privadas para reformarlas mediante su ejemplo, su ética insoslayable, su buen hacer, su racionalidad y su acierto, convirtiéndolas en instituciones y en organizaciones ayunas de corrupción, sin intereses aviesos ni grupales, eficaces, justas, garantes del equilibrio absoluto, de la armonía, laicas, impregnadas de los valores de libertad, igual y fraternidad. La razón -acompañada indisolublemente de la justicia que abarca a todos los seres humanos en términos de igualdad y acompañada también de la libertad que nos emancipa de cualquier interés que no conduzca a la fraternidad entre todos los humanos- esa razón estará siempre por encima del fusil, de la granada, de la guillotina y del atentado.

Rafa

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