SOLSTICIO DE INVIERNO

A L:. G:. D:. L:. A:. D:. U:. Y A:. P:. D:. L:. H:.

L:. I:. F:.

En la antigüedad, la oscuridad de la noche más larga del año – el solsticio de invierno- era la cuna espiritual en la que renacía el sol.  Una noche para recogerse en torno al fuego o  a un conjunto de velas para volver a llamar al Sol ya que se asociaba a un tiempo sagrado de descanso antes del despertar y la acumulación lenta de energía hacia los días más largos.

Este fenómeno evidente de la relación Tierra-Sol, el sistema solar y todo lo que yace más allá, pone al relieve al mismo tiempo y en todo el mundo, el sentido de unidad. Por esta razón, desde esta perspectiva, tanto los equinoccios como los solsticios, y en especial el de invierno,  describen los cambios de conciencia de todo el planeta; de los que en él habitamos, y se presenta como una gran oportunidad para meditar sobre nosotros y emprender un nuevo amanecer.

Esta época del año se asocia con la luz: el nacimiento del sol, el fuego, y -por supuesto- las velas.

En la Europa pre-cristiana, se efectuaba la quema en la hoguera de un tronco de Navidad; en la actualidad esta tradición se ha transformado con las luces que adornan el árbol de las decoraciones navideñas.

Las luces son un recordatorio de la luz interior y la esperanza para el retorno de los días soleados.  Hay una melancolía que puede ser abrumadora pero el solsticio de invierno, como una celebración del nacimiento del sol, brinda la promesa de un nuevo comienzo.

Las fiestas y las reuniones de esta época del año son la respuesta al anhelo de un sentido de pertenencia; de formar parte de una tribu y de la sensación de tener un profundo vínculo de  familia; no solo la familia consanguínea, sino también la que elegimos libremente.

Este es un momento mágico. La luz del Sol comienza un nuevo ciclo solar en el solsticio de invierno. Los rayos brillan en la oscuridad y nutren la vida del recién nacido que hay que cultivar. Esto se refleja en la naturaleza, en las semillas que están enterradas en la oscuridad de la Tierra para salir una vez más con los rayos vivificantes del Sol.

Es el momento para enterrar todos los errores cometidos; todos los miedos que llevamos en nuestra mochila y que tanto nos limitan; la susceptibilidad…; el victimismo…; la envidia…; el rencor…..y tantas limitaciones que los seres humanos experimentamos, que en conjunto, todas entran en el del saco del Ego. El solsticio de invierno es el momento propicio para enterrar al hombre viejo con una gran compasión y perdón y, renacer al hombre nuevo, con la esperanza de una nueva y brillante luz, ya que el solsticio de invierno es un buen momento para establecer intenciones y compromisos, cuyo resultado se volverá a ver en el siguiente solsticio; es el momento para elaborar lo que nos gustaría que suceda en el nuevo año.

La noche más larga es un tiempo fructífero para conseguir equilibrio interior. Lo que se conciba ahora, puede crecer con el Sol y empezar a florecer en la primavera, con el equinoccio.

En la actualidad, que todo ha cambiado y lo único que podemos recuperar de la antigüedad es el sentido de “unidad”, llevándolo a nuestra filosofía, es momento de compartir nuestros más preciados alimentos (nuestras capacidades) y para ello nos sentamos en torno al fuego, (que nos renueva) con el deseo de dar paso a una vida nueva, liberándonos internamente con humildad, amor y fraternidad, ya que estos valores debemos integrarlos primero en nosotros para poderlos compartir con los otros.

Y, no quiero terminar sin decir que el próximo martes, día 22, a las 5:49 h local, se producirá el solsticio de invierno, que como todos sabéis es el momento en el que el sol entrará en el signo de capricornio. Bien!, pues deciros que estos momentos, la posición planetaria que hay en el cielo, nos sigue recordando que es el momento en el que la humanidad debe renacer a un nuevo estilo de vida y para lograrlo, hemos de hacerlo primero individualmente, pues la suma de cada uno y el conjunto de todos es lo que dará paso a esa nueva humanidad que realmente necesitamos.

No será fácil ni rápido el cambio, pero si es el principio y el momento para iniciarlo y, dependerá de cada uno, que el resultado sea beneficioso o no, dependiendo de los valores que defienda y de la actitud que adopte.

Hnas:. y Hnos:., deseo con todo mi cariño, que tengamos un feliz solsticio y un próspero renacer.

He dicho.

Al Or:. de Murcia, a 19 de diciembre de 2015 (E:. V:.)

 MAITE DEL POZO.

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el ego

En la actualidad hay un cierto bombardeo de frases y palabras –distinto a otras etapas o épocas de la vida-, tales como “tomar consciencia”… “Ego”…”espiritualidad”…que al parecer son modos o tendencias distintas para expresar lo que ha existido toda la vida. Por ejemplo, “tomar consciencia” equivale a darse cuenta de ciertas cosas…actitudes…etc… y, prestar atención en ponerlas en práctica. “El Ego”, ¿acaso no se ha interpretado como un orgullo exagerado?. Y con respecto a la “Espiritualidad” se ha llevado muy en secreto ya que la religión la ha llevado a tal extremo por su afán de dominar y controlar las creencias y la fe.

Desde la más remota antigüedad, todo lo referente al alma o divinidad del Ser humano ha existido y expresándolo de forma distinta. La humanidad ha recorrido un camino que le ha llevado hasta nuestros días. Ahora, estamos en un tiempo distinto y, por tanto, descubriendo un nuevo paradigma o nuevo modelo de sociedad.

Pero lo que en realidad deseo es centrarme en el EGO y en su significado a distintos niveles, ya que tiene una gran similitud con la filosofía masónica y creo que reflexionar sobre él, puede ayudarnos a entender las vivencias que experimentamos a nivel personal, e incluso en nuestros talleres, puesto que somos personas que aspiramos a ser buenos y ejemplares Masones.

Desde una perspectiva psicológica, El Ego se puede definir como orgullo sobre uno mismo. Pensamientos y frases tales como: “mi cuerpo y mi mente”, “mi intelecto”, “mi vida”, “mi riqueza”, “mi esposa y mis hijos”, “yo debería ser feliz”, etc. proceden sólo del ego.

Tiende a considerar sólo el propio punto de vista y los propios intereses, de ahí que la persona que tiene esta tendencia se le define como egocéntrico.

Sin embargo, partiendo de la base de que el ego solo puede estar identificado con la mente, ya que es una creación de ésta, va a actuar y coger protagonismo según el nivel de consciencia o inconsciencia que tengamos sobre él y nuestra permisividad para que nos manipule a su antojo –con o sin mesura-.

Es sabido y comprobado el gran poder que tiene la mente, y que aún en la actualidad, no se ha llegado a precisar por la ciencia aunque sabemos lo suficiente como para afirmar que tiene un potencial muy alto y esto nos da la oportunidad de saber que todo lo que nos propongamos y proyectemos lo podemos conseguir, y llegado a este punto, podemos entender que tenemos capacidad suficiente para crear sin límite……SOMOS CREATIVOS. Pero…, acaso creemos realmente en esto?. Quizá es la creencia la que diferencia al Ser humano consciente del que no lo es, y por ende, al Ser humano creativo del que no lo es.

Al Ego se le ha calificado como “tabú”; no se debe mencionar porque suele herir. Cuando se le dice a alguien que quien está actuando….o hablando…., es su Ego, este alguien suele interpretar que se le está acusando….se le está menospreciando…se le está atacando e incluso faltando al respeto. Sienta muy mal que se nos diga que somos egocéntricos; que estamos manipulados por nuestro Ego…por nuestra mente y como resultado, nos volvemos aún más egocéntricos porque nos cuesta admitir la realidad. Y por qué?, pues porque esa realidad creemos que no es la nuestra….; interpretamos que es la del otro…, la del que nos lo ha dicho… y …¡mira por donde!… estamos cayendo (sin ser conscientes) en la manipulación del Ego: “El Ego es solo producto de nuestra realidad” es por ello que nos cuesta admitir los pensamientos y creencias de otros.

Y, llegado a este punto donde quiero reflexionar sobre lo que la filosofía masónica nos brinda. Si – entre sus enseñanzas- algo tiene de especial, es la gran labor que nos ofrece para hacernos conscientes de los valores que nos llevan a conseguir una estabilidad (mental-emocional y espiritual), simplemente aprendiendo a VER – OIR Y HABLAR… O lo que es lo mismo: OBSERVAR – ESCUCHAR Y EXPRESAR. Curiosamente, estos tres valores son los que imperan como base en los aprendices y los que deben ser perpetuados en el los diferentes grados hasta el último. Si entendemos esta filosofía, nos daremos cuenta de que en definitiva, lo más importante es EL AMOR., pero al estar inmersos en la dualidad, centramos nuestra vida entre el bien y el mal continuamente y nos cuesta muchos abrirnos a otra realidad más liberadora y creativa; esto es permitirnos no evaluar continuamente; es escuchar y reconocer al otro como quien aporta una idea que nos puede servir de ayuda -estando o no de acuerdo con ella- pero si lo escuchamos con el respeto que se merece, va a servirnos de aprendizaje, y aunque parezca absurdo, adquirimos seguridad para expresar lo que sentimos y creemos porque sabemos que –digamos lo que digamos- nuestros hermanos lo van a aceptar y respetar.

El Ego no es malo ni bueno; es una creación de nuestra mente y por ello no hay que desear deshacerse de él como si fuese un malvado…, NO. Lo mejor que podemos hacer es Amarlo….. SI, curioso!, verdad?. Si, digo amarlo porque en la vida todo se cura con el AMOR. Y mira que nos cuesta!!. Es realmente costoso saber Amar, porque cuando crees que lo estás aprendiendo, ahí va el Ego!!!… la resistencia….Le otorgas todo el privilegio para que actúe, y te anula. Ese es el Ego. Sin embargo, si aprendemos a aceptarnos – que no resignarnos- conseguiremos amar y respetar.

Nuestro Ser (llamémosle Alma….Divinidad…, lo que realmente no vemos porque está dentro de nuestro cuerpo), tiene todas las cualidades Divinas, pero nuestra mente, aunque muy poderosa, queda a nuestra disposición, esperando ser guiada…organizada….manipulada…etc.

Si nuestro nivel de consciencia es alto, concederemos a la mente toda la capacidad creativa que sea capaz de expresar. Sin embargo, si nuestro nivel de consciencia es bajo, expresará las necesidades….y es ahí donde entra el Ego en toda regla, manipulando y vistiéndose con sus mejores galas para ser todo lo influenciable que se le permita. Se alimenta del MIEDO (miedo a lo desconocido…miedo al qué dirán…miedo a perder lo que se tiene… miedo a no ser reconocido…miedo al rechazo….MIEDO, MIEDO, MIEDO… Y, si le concedemos EL PODER, tenderá a manipular, esconder el miedo, se mostrará altivo…embaucador…controlador…víctima…ansioso de liderazgo y manipulador…., en fin, tiene muchos trajes para hacer el papel que le corresponda con cada uno de ellos y si le damos todo el privilegio, acabamos siendo totalmente dependientes de él y egocéntricos, interesándonos solo por nuestra necesidad y tendiendo a ser excesivamente materialistas en todos los sentidos. Nos costará ver más allá de nuestros propios pensamientos y realidad.

Lo que me crea curiosidad, es que a lo largo de todos estos años que estoy en masonería, he observado –en muchos hermanos…de diferentes talleres…y grados, la dificultad que supone aceptar la espiritualidad como parte del Ser Humano; he observado que se tiende a ser más mental que espiritual y, sin embargo, para comprender esta filosofía, no solo basta entender (que es mental), sino comprender; y es aquí donde está la diferencia… en COMPRENDER donde debemos poner nuestra atención ya que aunque hay cosas que se deben entender con la mente, si no se interioriza y se toma consciencia de ello, por tanto, se actúa en consecuencia, no se comprenderá. En la comprensión interviene el corazón. Y es que esa es la cuestión!!, somos mente y corazón y mientras no admitamos esto, no podremos ver la realidad sino “nuestra realidad”. Quizás es por lo que a muchos hermanos les cuesta tanto comprender esta filosofía. Si entramos buscando encontrar lo que queremos, ya estamos perdidos porque aquí se encuentra lo que hay y si no abrimos la mente y el corazón y dejamos de dirigir a nuestro antojo, no lo veremos nunca y por ende, no nos satisfará este camino que en un principio elegimos.

Este tema tiene mucho… mucho… de que hablar, pero no me voy a extender más. Sinceramente, pienso que es complicado lograr que El Ego quede en el lugar que le pertenece, a nuestro lado y reconociéndolo como un acompañante inseparable que aprovecha cualquier momento oportuno para convencernos pero, en nosotros está que no nos confunda y se apodere de nuestra debilidad.

En Murcia, septiembre de 2015

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La vida humana

Las voces más numerosas de nuestra cultura afirman tajantemente que:
1º.- La vida humana es un bien de titularidad social o divina, y no de titularidad individual.
2º.- Que es un bien del que su mismo titular no puede disponer. Incluso que la vida es un bien indisponible -en general, no sólo para su titular-.
3º.- Que la vida es un bien irrenunciable.
4º.- Que la vida humana viene protegida por el Estado, no sólo en interés del individuo, sino también en interés de la colectividad (un argumento muy paternalista).
5º-. La vida no es un bien cuya titularidad corresponda al sujeto que la vive.
6º.- La vida se tiene que proteger de modo absoluto, sin consideración a la voluntad del individuo, que no puede disponer de ella, aunque sea su titular, y que, por tanto, tampoco puede consentir válidamente para que se le prive de ella.
7º.- La vida es el más precioso y elemental de los derechos.
8º.- Las decisiones sobre la vida humana están reservadas exclusivamente a la omnipotencia divina.
Por el contrario, un clamor que cada vez se escucha más proclama que ha de reconocerse absoluta libertad de disposición de la vida por su titular. El derecho a la vida es renunciable en aras al libre desarrollo de la personalidad.
Entre ambas opiniones hay muchas voces eclécticas que, si en general aceptan la disponibilidad de la vida humana, restringen la misma a determinados condicionamientos. Por ejemplo, aquellos que limitan dicha disponibilidad a comportamientos del propio titular sobre sí mismo, negando la posibilidad de que pueda -dicho titular- autorizar lesiones procedentes de tercero. Y así, muchas opciones más, que realmente, limitan la libre e incondicionada disposición de cada uno de su propia vida.
No obstante, la opinión de la mayoría, esto es, la que defiende e impone la indisponibilidad de la vida, ha sabido encontrar interesadas excepciones a dicho principio, lo que nos da a entender que todo orden -como siempre- viene impuesto por el poder y no por la naturaleza de las cosas -que es más cercana al caos que al orden-. Sirvan como ejemplo de esas excepciones el entender que el Estado sí que está facultado para disponer de la vida de los seres humanos -eso sí, conforme al Derecho que él mismo establece- de esta manera está legitimado -abolida no hace muchos años en España- a la imposición y ejecución de la pena de muerte. También está facultado para obligar a los ciudadanos a cumplir con el servicio militar (menos años todavía que la anterior excepción han transcurrido en España desde su supresión), servicio militar que imponía a los individuos, según las circunstancias, el debe jurídico de morir o matar a la vez que se les veda disponer por sí de la vida de sus prójimos e incluso de la suya propia. Todos nosotros estamos también abocados a la muerte, o la merma física y psíquica si el Estado, a través de sus mecanismos legales e instituciones legitimadas para ello, declara la guerra a un tercero, pues podemos ser llamados a filas. Y esto sin incluir al grupo de la sociedad, que forman las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, que tienen como deber sacrificar su vida “Todo por la Patria”, no olvidemos esa famosa canción de la legión “Soy el novio de la muerte”.
Otra excepción más limitada es la legítima defensa, que nos permitirá disponer de la vida de otro si se cumplen los requisitos legales para su aplicación, pero esto es técnicamente una mera apariencia de que somos nosotros los que disponemos de la vida de otro, porque lo que realmente sucede es que ante la situación concreta y singular en que falta o resulta insuficiente la acción del Estado, es el propio particular el que asume la tutela pública de su vida o de otro.
La abolición de la pena de muerte, la complejidad que tras la segunda guerra mundial existe para declarar la guerra y el reconocimiento del derecho de objeción de conciencia son las causas de que esas excepciones a la indisponibilidad de la vida se estén quedando vacías de contenido.
Pero actualmente, superado el dogma religioso y en franca decadencia del monopolio del Estado en todo ámbito de la vida, la opinión que defiende la absoluta libertad del poder de disposición de la propia vida por su titular se va imponiendo, como entiendo que no puede ser de otra forma si queremos ser coherentes. En nuestro país uno de los primeros pasos lo dio la ley de sanidad de 25/04/1985 al consagrar el derecho del paciente al respeto a su personalidad, dignidad humana y a la intimidad, permitiéndole negarse al tratamiento, lo que equivalía, pues, a dejar el curso de su salud en sus manos, aunque ello desembocara en su muerte. La única excepción a esa facultad del paciente era que la falta de intervención médica supusiera un riesgo para la salud pública o que la urgencia no permita demoras por poderse ocasionar lesiones irreversibles o el fallecimiento. Sin embargo, no hemos avanzado más.
En esta plancha no incluyo el aborto, pues hablamos de la disposición de la vida propia, no de la vida de otro. Y en el aborto no queda claro cuando se involucra en el mismo la vida de otro ya que la propia siempre está involucrada aunque, por lo general, nunca para decidir su propia extinción, que es de lo que estoy hablando ahora.
Llegados a esta situación, lo más que somos capaces es de discutir leyes sobre la eutanasia y regular supuestos. A mí me parece una hipocresía esta actitud, es un miedo a reconocernos como seres plenos y un enclave a creencias religiosas que se mantienen en sus penumbras características. Sólo somos capaces de pensar que somos dueños de nuestra vida cuando la medicina no tiene medios de curar nuestra enfermedad y, aún en estos supuestos, discutimos si hay que sufrir los dolores y padecimientos de aquélla o sedar al enfermo y dejarlo que muera de hambre y deshidratación si la propia enfermedad, al no recibir tratamiento médico, no es capaz de vencerle antes.
Por qué. Por qué la vida no es libremente disponible para cada uno. Por qué si me quiero morir dentro de dos meses no puedo contratar los servicios adecuados para que ese trance sea lo menos penoso posible. Por qué mi única salida es suicidarme (algunos países han llegado al absurdo de penalizar el suicidio o la tentativa de suicidio). Por qué no se legaliza el homicidio consentido. ¿De quién sino de cada uno es su propia vida? ¿Es que mi vida es de otro? ¿Es mi vida del Estado, de la sociedad, de la comunidad, de Dios o de sus representantes terrenales? La respuesta a estas preguntas yo la veo obvia si desnudamos nuestra reflexión de moralidades piadosas, tradiciones culturales alejadas de toda racionalidad que parta de la dignidad humana y del libre desarrollo de la personalidad.
De la consideración de la calidad del ser humano como un fin en sí, es decir, de su derecho al ejercicio racional de sus facultades de conocimiento y voluntad y de su derecho a trazarse, en su virtud, un plan de vida, un destino peculiarísimo que realizar y a proponerse un fin personalísimo que conseguir y de obrar en consecuencia y sin interferencias ni restricciones para alcanzarlo. Y si esto es en la vida ¿por qué no también en su culminación y coronación, o sea, en la muerte? Justamente, la congruencia en y de la vida, exige su armonía con la muerte.
Si esto no es así, qué queremos decir cuando vulgarmente manifestamos la disconformidad entre la vida y la muerte de alguien cuando éste no acuerda el momento de la muerte a las convicciones y la trayectoria de su vida con la expresión “No supo morir”.
En resumen: si por el respeto que se debe a la dignidad de cada individuo, le pertenece su vida, ¿cómo no le ha de pertenecer su muerte?

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La razón

El buen uso de la razón nos hará procurar ver en las cosas todo lo que hay, pero no más de lo que hay. No seremos como esas personas que tienen el talento de ver mucho en todo pero la desgracia de ver todo lo que no hay y nada de lo que hay. Tampoco seremos como aquéllas otras que ven bien, pero poco, sólo contemplan una perspectiva de la cosa examinada, y si cambian de perspectiva la cosa les desaparece y nada ven. Los primeros son grandes proyectistas y charlatanes, los segundos son sentenciosos y aferrados a sus ideas. Hemos de procurarnos de un entendimiento capaz, exacto, claro que abarque el objeto entero, que lo mire por todos sus lados, en todas las relaciones con lo que le rodea evitando los parcialismos y los discurrires profusos sobre realidades inexistentes. Hemos de tener en cuenta, siempre, que la realidad no se suele presentar a nuestros ojos tal y como es, sino que se muestra con alguna falta, añadiduría o mudanza: nuestro conocimiento será imperfecto cuando, respecto al objeto estudiado, nos falte distinguir, cuando le añadimos algo que no hay en realidad o cuando mudamos lo que hay haciendo de ello una cosa diferente.

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La libertad de expresión, ¿tiene un límite?

Por expresión no sólo podemos entender lo manifestado por medio del lenguaje, sea oral o escrito. Expresión es un término más amplio. Percibimos, pensamos, nada nos es indiferente. El aire en la cara, un movimiento brusco, el dolor de muelas, la oscuridad…
Las cosas suceden en ese límite impreciso que es el afuera y el adentro de nuestro cuerpo. Todas esas percepciones van configurando un sentido, no sólo percibimos sino que podemos explicar lo que percibimos. Por una serie indeterminada de relaciones conceptuales entendemos el día y la noche, si hay noche es debido a que hay día, y si hay ambos es porque hay sol, y es porque hay un universo, y es porque hay…, siempre detrás de un hay hay otro hay (todos del verbo haber).
Pensamos, pero además pensamos que pensamos, y en este acto reflexivo comienza el humano.
¿Por qué todo lo que hacemos tiene que servir para algo? ¿para qué sirve expresarse? ¿Es el derecho de expresión pensable únicamente en términos utilitarios?
Pero por qué es tan importante expresarse. Borges dijo una vez “en verdad la realidad no existe, y en realidad la verdad tampoco” dijo “todo lo que decimos sobre la verdad lo decimos” o sea, que se vuelve imposible saltar el abismo que separa a las palabras de las cosas. Si no podemos expresar la verdad ni la realidad, para qué queremos libertad de expresión.
Si no percibimos la realidad, percibimos sombras como los prisioneros de la caverna platónica, si no nos damos cuenta que estamos encadenados, de qué sirve la libertad de expresión. Si todos pensamos lo que se piensa, consumimos lo que se consume, hacemos lo que se hace, lo cotidiano o normal determina el modo de existir, entonces qué vamos a expresar: no habrá derecho de expresión sino derecho de repetición, pues nuestra autonomía se ve limitada por el dispositivo del engaño y en la confusión entre lo real y lo aparente, terminamos siempre funcionales a lo que el poder necesita, Marx lo llamaba alienación, pensamos ideas que otros necesitan que pensemos, compramos las mercancías que otros necesitan que compremos. En nuestros tiempos más mediatizados se va construyendo un sentido común que va hablando en nombre de la gente, que se presenta como representante de la ciudadanía confundiendo claramente el sistema actual con democracia, o haciendo circular ciertas prioridades sobre otras.
Cuáles son los límites de nuestra expresión, ¿el lenguaje, nuestro cuerpo, nuestra fecha de caducidad, el poder? O desde un punto de vista más personal ¿los miedos, los prejuicios, los mandatos? Nos usan, nos crían, nos domestican.
Los límites a la libertad de expresión son todos los postulados utilitaristas con los que nos movemos, todos esos que nos impiden hacer preguntas que colocan la realidad en estado de extrañamiento, aquellos prejuicios que impiden que pongamos todo bajo sospecha, son límites a la libertad de expresión lo que no nos deja que rompamos con lo establecido aun a costa de quedarnos en el margen.
El orden es otro límite de la expresión, es que si no hubiese orden habría desorden. Qué pasaría si cada palabra significara otra cosa cada vez que la volvemos a decir. Qué pasaría si no funcionaran las leyes que rigen el orden de lo real. Las leyes ordenan, pero antes es necesario que exista el desorden, porque si no, a quién ordenaría el orden. Y si es así, ¿no es el orden algo que viene a alterar la realidad? Si el orden limita la realidad, también limita la libertad de expresión.
Para el Papa Francisco con ocasión del ataque a la revista Charlie Hebdo existe la libertad de expresión pero está mal provocar a otros insultando su religión, no te puedes burlar de la fe de otros. Quien habla mal de la religión, bromea sobre ella, se burla provoca y le puede pasar lo mismo que si alguien dice algo contra mi madre, llevarse un puñetazo en la cara. La libertad de expresión tiene un límite cuando se enfrenta a la libertad religiosa.
Pero quién tiene que poner límite a la libertad de expresión y dónde pone ese límite. Pero dónde está ese límite, por ejemplo cuando ofendemos a alguien. Hay personas que tienen la suficiente madurez para reírse de sí mismos, para aceptar la crítica e incluso la sátira y otros que no aceptan no sólo una broma sino que rechazan incluso toda crítica.
La expresión, a pesar de que no sólo puede ser palabra escrita u oral, si la centramos en la opinión -y suponiendo que superemos los obstáculos antes indicados, o aún cuando no se superen, se hable, pues de la realidad o de la apariencia, se hable bajo las normas que el orden impone o desde el caos- creo que no tiene límite alguno. Cada uno puede opinar lo que quiera, aunque no se apoye en la razón, sino únicamente en la fantasía. Mi opinión es personal, la puedo expresar, y si alguien se ofende no es responsabilidad mía, siempre y cuando no me mueva la intención de ofender, de injuriar, es decir, siempre que no tenga con ello un mero y exclusivo ánimo de perjudicar o dañar injustificadamente a alguien. Y es que, si me moviera ese ánimo, estaría no expresando una opinión, sino realizando un atentado contra la dignidad de una persona.
Otra cosa es cuando yo afirmó un hecho como real, el límite que tiene una afirmación, que no opinión, es la verdad, a saber, que el hecho que se afirma como real se corresponda con lo sucedido en la realidad perceptible, comprobable.
La opinión no puede tener fronteras, el relato de hechos, la afirmación de verdades sí, siempre que se presenten como hechos o verdades, el límite es la propia y real verdad.

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